Cuando era pequeña una de las frases mas machaconas de mi madre al salir de casa era: ¡Llevas las bragas limpitas. No vaya a ser que te pase algo y te tengan que llevar al hospital!
Yo me imaginaba en una camilla sangrando después de haber sido atropellada por un coche, con una pierna a medio amputar y a una enfermera gritando como una posesa:
-¡Frenar, frenar…esta niña tiene las braguitas llenas de nicotina, no podemos operarla, es una verguenza. Dejemosla tirada al lado de la basura!
Terrorifico.
Supongo que la frase en cuestión venía en el manual de ” Madres como Dios manda 1968/69 ” y era de obligada puesta en escena junto con “bebete el zumo que se le van las vitaminas” y ” con la regla no te puedes bañar en la playa que se te corta y te quedas tonta”.
La preocupación de una madre de la época era sobre todo el que dirán.
La salud tambien importaba, pero no darle de que hablar a las malas lenguas era primordial.
Quizá eran un pelín bestias nuestras progenitoras pero hay que reconocer que siempre que tienes un imprevisto de cualquier tipo, gracias a nuestro querido amigo Murphy y a sus jodidas leyes,algo no funciona como debería.
Bragas inmensas de esas que solo utilizas en “esos dias” y es cuando vuelve tu novio/ligue de improviso.O un bigote recien depilado, rojo y escocido justo cuando te llaman para una entrevista de trabajo en Zara, Y un pelo de tres dias sin lavar, cuando vas camino de la peluquería a teñirte y encontrarte a un grupo de madres del cole que han quedado para comprarle a la profesora una bandeja de plata gravada como despedida de curso, son de esas cosas que suelen pasar.
Justamente este domingo me vi en uno de estos casos.
Yo vivo en un entorno rural. Muy rural. Los actos de recreo patrocinados por el ayuntamiento tienen bastante que ver con eso. Por tanto, no es de extrañar que uno de ellos fuera un paseo en kayak por el rio.
No se como acabé dentro de uno, con una vecina de mi edad, de mi altura, de mi peso aproximadamente y con la misma agilidad que yo, y mis dos enanos en medio.
Nada mas salir a mi compañera que iba sentada detrás capitaneando la embarcación se le cae el remo al agua, y no me lo dice hasta que logra controlarse la risa y consigue hablar. Después descubro que la moza además de zurda tiene un problema de afirmación de la lateralidad, osea que no distingue la derecha de la izquierda, con lo que no conseguiamos ponernos de acuerdo hacia donde remar.
Un camino cercado con barcas, en el que la gente invertía quince o veinte minutos, nosotras tardamos casi una hora, encallando con troncos, chocando con los que venían de vuelta y estando a un pelo de caer por una pequeña cascada.
Logramos regresar llorando de risa mientras teniamos a todo el pueblo contemplando el espectaculo. Al bajarnos del kayak teniamos que meternos en el agua hasta la rodilla. Cuando me puse a remangarme los pantalones y vi la mata de pelo que tenía de rodillas para abajo, me acordé de mi madre y de las bragas cagadas, deje el pantalón como estaba y sin quitarme los zapatos siquiera, me tiré al agua y salí de allí con un kilo de fango en cada pernera y otro en cada bamba.
Cogí a mis niños de las manos y con la dignidad de una reina les dije:
-Vamonos a casa niños que empieza a refrescar.
Hasta la próxima.



